Ferdinand Dimadura: Chicken a la Carte
4 May 2009 por JMGS
Me envía mi colega Jesús este video que no tiene desperdicio, nunca mejor ni más tristemente dicho. ¡Buen provecho!
4 May 2009 por JMGS
Me envía mi colega Jesús este video que no tiene desperdicio, nunca mejor ni más tristemente dicho. ¡Buen provecho!
3 May 2009 por JMGS
Los habituales de este blog es seguro que ya estarán informados de los planes gubernamentales, bien de manera directa o a través de los blogs de Jordi o de Paco. Por lo que yo sé, no se sabe casi nada, y lo que se conoce es a través del redactor de turno de El País, que sabe Dios de qué se habrá enterado. En fin, podemos elucubrar con que se van a repartir portátiles o con que la digitalización consistirá en trasplantar los libros de texto existentes a formato electrónico. Es posible, desde luego. También es probable que aparezcan ciertos portales-repositorios, perfectamente patrocinados por marcas e instituciones, plagados de espléndidas actividades que no pueden emplearse en el aula porque no se adaptan a las circunstancias de tu alumnado. En última instancia, la clave residirá en la competencia del profesorado para buscar, seleccionar, adaptar y crear. Vamos, igual que en el mundo educativo pre-digital.
Porque, la verdad, no creo que existan diferencias entre trabajar con las bibliotecas y textos actuales y hacerlo con el gran libro de texto que es Internet. El docente innovador lo es en lo analógico y en lo digital, aprovecha aquello que se le pone a tiro para hacer su trabajo. El problema se plantea con aquel profesorado que se limita a lo que todos sabemos. Para ese tipo de profesional casi no existirá cambio: ahora sigue un libro en papel con su propuesta de actividades; en el futuro seguirá unos "libros digitales" o unos repositorios bien categorizados. En última instancia se trata de seguir una receta. Y es indispensable que, de una manera u otra, aparezcan buenas recetas.
El seguimiento de la receta no me parece malo en sí mismo, si se acomete con honradez y criterio. No se puede exigir a todo el colectivo que se sitúe en la vanguardia, que se forme en su tiempo de ocio para ser experto en tecnologías de la información y la comunicación, que invierta horas y horas en la preparación de una sesión de trabajo. No hay derecho a exigir comportamientos heroicos. La administración educativa está obligada a facilitar materiales de trabajo bien diseñados, actualizados y adaptados a la realidad educativa del país, sea en el formato que sea. Es evidente que Internet y las aplicaciones informáticas deben ocupar un lugar importante en los nuevos tiempos, aunque sin olvidar otras realidades. Es fantástico asistir virtualmente al proceso de transpiración de una planta, pero lo es más ser testigo real de su ciclo vital en un pequeño huerto escolar, por ejemplo.
En fin, que al parecer las autoridades pretenden digitalizar la educación -sea eso lo que sea- y a mi me da algo de susto, no vaya a ser que el coste de la digitalización (?) suponga la ausencia de financiación para otras actuaciones: libros, huertos, excursiones, actividades culturales, recursos humanos, profesorado, yo qué sé, la enseñanza.
2 May 2009 por JMGS
30 Abr 2009 por JMGS
24 Abr 2009 por JMGS
No dejan de sorprender las tendencias en moda. Ni soy experto en el asunto ni lo pretendo ni me interesa en exceso, que lo del "torpe aliño indumentario" aplicado a mi persona resuena en las cercanías del halago. Pese a todo, esta mañana me he sorprendido mirando los pies de un buen número de personas de mi entorno cercano y, sin querer, una idea llevando a otra, he acabado meditando un buen rato sobre el calzado deportivo y llegando a la conclusión de que dos son las prioridades en este tipo de prendas: comodidad y seguridad. Sin embargo, resulta llamativo el uso que de las zapatillas deportivas hacen ciertas personas en aras de la consecución de un estilo casual perfectamente medido, casi aritmético. Resulta inquietante.
Antes que nada quisiera anotar como con paso firme han regresado a la primera línea de la moda diaria las zapatillas de lona con cordones. Parecen haber robado el protagonismo a inventos tan increíbles como el velcro, a materiales tan nobles como el cuero y tan vanguardistas como los sintéticos, con o sin cámara de aire. Sea por lo que fuere, muchas personas han vuelto a enfundar sus pies en humildes bambas o en botas tobilleras de esas que tanto nos gustaban cuando éramos felices, indocumentados y estábamos corroídos por una envidia cochina nacida de un desajuste social todavía no superado a finales de la década de los sesenta. Recuerdo aún con lágrimas en los ojos cuánto deseé en aquellos días calzar unas botas John Smith, así como la frustración y vergüenza que me inundaba al mirar mis pies envueltos en baratas imitaciones hispanas, restos de un país autárquico.
A causa de estos recuerdos, me gusta el regreso de la lona. Me tienta hoy volver a flotar sobre el suelo de manera similar a como un día lo deseé. Llámenme rencoroso si quieren, pero lo entiendo como un pequeño ajuste de cuentas con el pasado. No obstante, creo que al final no me decidiré a sumergirme en esta marea de moda por no quedar marcado con rotulador indeleble por quienes me rodean.
Y es que no me veo capacitado para anudar las zapatillas como al parecer hay que hacerlo, si es que se quiere seguir los dictados de la tendencia. Observando con atención a los nuevos usuarios percibirán con claridad que no puede en ningún caso ocuparse con los cordones la totalidad de los agujeros de la prenda en cuestión. De hecho, no sería correcto superar la mitad de los mismos, permitiendo así que la solapa protectora del pie adquiera una suave curvatura y muestre a quien observe con paciencia el envés de la pieza.
Convendrán conmigo que esta obligatoriedad dota de apariencia informal a quien usa el zapato, pero resta funcionalidad al mismo. Las propiedades que señalé al comienzo de estas líneas se ven seriamente comprometidas. El pie no queda sujeto firmemente y oscila de babor a estribor en movimiento acompasado que es consecuencia del andar. Queda expuesto a torceduras y también al extravío del propio calzado, con todo lo negativo que de ello pudiera derivarse.
Por otro lado, la comodidad, uno de los principales atractivos de estos borceguíes contemporáneos, prácticamente desaparece. No es posible calzar casi recién levantado de la cama, tirar de los extremos de los cordones, ajustar la solapilla para evitar incómodos roces y simplemente anudar. Se hace necesario medir, regularizar la porción de cordón que ha de mostrarse, ocultar la lazada y contrariar la naturaleza de la solapa para que se muestre ante el ojo curioso e indiscreto en su justa dimensión. Tanto cálculo exige tiempo, dedicación y unas gotas de arte. Además obliga a realizar tareas de mantenimiento, pues cada cierto número de pasos habrá de recomponerse la relación entre las piezas móviles de la zapatilla y el pantalón que sobre ellas recae.
Creo que estas esclavitudes impedirán a buen seguro la generalización de la tendencia, reservándola exclusivamente para aquellas personas decidida y filosóficamente comprometidas con una apariencia descuidada, aunque sutilmente calculada. Los menos atentos a estos clientelismos, en cambio, seguiremos anudando visiblemente, ocupando la totalidad de los orificios y vegetando en las fronteras de la moda. Llega un tiempo en la vida en que no se puede ya torcer el camino y se impone la perseverancia en las direcciones vitales escogidas. En mi caso, he de aceptar que las zapatillas de lona pertenecen ya a una infancia de deseos insatisfechos. No tiene sentido recuperarlas como símbolo de lo que desapareció, sobre todo si es a costa de la comodidad y seguridad ganadas con tanto esfuerzo.
20 Abr 2009 por JMGS
La sin par Mónica me acaba de enviar un enlace al cortometraje Eso es así, de la productora sevillana Mundo Ficción. Impagable. Como casi siempre sucede en esta ciudad, los autores nos presentan dos perspectivas diferentes y hasta cierto punto enfrentadas. Por un lado los pijos al estilo sevillita, apegados a sus tradiciones e ideas, mantenedores de la apariencia ante todo. Frente a ellos, los canis en versión Ciudad de la Gracia, en el filo de la delincuencia, pero compartiendo con los primeros algunas ideas, aunque variando ciertas formas. Y todo esto en clave humorística, provocadora a veces. Os dejo los videos. Que los disfrutéis.
19 Abr 2009 por JMGS
Siguiendo con la serie de entradas sobre los Siglos de Oro, os dejo la presentación de los contenidos teatrales. Son muy sucintos, pero ya andamos cortitos de tiempo.
La Semana Santa me gusta, entre otras razones, porque me permite ser turista en mi propia ciudad, andar por calles y barrios que sólo visito de año en año, fotografiar a diestro y siniestro motivos, esquinas y edificios. Pierdo la vergüenza, por supuesto en el buen sentido, y acabo acumulando una enorme cantidad de imágenes, algunas en la memoria de la cámara y otras almacenadas en confusa vorágine con los recuerdos más antiguos, el sentimiento olvidado o la idea de algún futuro proyecto que pronto olvidaré.
Me gusta especialmente prestar atención a las pintadas. Este año han llamado mi atención dos. La primera es toda una reflexión gráfica sobre la propia pintada. Una línea voluptuosa que recorre el zócalo de una casa y conduce la mirada del paseante hacia un interrogante.
La segunda es mucho más sencilla, pero también más terrible. Alguien no pudo evitar escribir con caligrafía diminuta, en una calle apartada de los recorridos habituales, sobre un canalón de desagüe, lo que pasaba por su corazón en ese momento. Y lo subrayó con doble línea y letra mayúscula. Es una pintada dirigida a caminantes atentos, pudorosa, casi privada. La rugosidad del soporte aporta un temblor a la letra que contribuye perfectamente al resultado.
Ambas pintadas en la misma calle se me antojaron dos manifestaciones del carácter de la ciudad. Por un lado la brillantez, el juego de la línea, el lucimiento, si bien modesto y hasta provinciano, de quien se planta ante el arte o ante la vida para cuestionar y ser avanzadilla, probablemente entre mediocres. En el lado opuesto, la esencia. Sin florituras, sin gritos ni alaracas; solamente la palabra que, como dijo Bécquer, hiere el sentimiento y huye.
La radio me ha despertado esta mañana con la muerte de Mari Trini. Es posible, porque la vida y el tiempo son así de injustos, que pocas personas recuerden a esta mujer que componía y cantaba de una forma tan personal. En unos tiempos en que la canción en España se debatía entre la protesta y la frivolidad, esta mujer emprendió una senda muy difícil: hablar de amores sin caer en la estupidez y hacerlo desde un punto de vista femenino. Toda una novedad.
Creo que no se puede hacer mejor homenaje a un artista que darle la palabra. Por ello, a modo de despedida, os dejo unas canciones, un video y una recomendación: escuchadla y leedla. Descanse en paz.
Una estrella en mi jardín.
Te amaré.
Yo no soy esa.
Ayúdala.
Amores.
30 Mar 2009 por JMGS
Al viajar a Portugal desde el sur de España se suele tener la tendencia a cruzar el puente sobre el Guadiana y encaminarse lo más rápidamente posible hacia el destino. Pocas personas piensan que en el Algarve portugués hay algo más que playas, arroces, bacalao y buenos precios. Sin embargo, tras tan sólo recorrer cuatro kilómetros en territorio portugués puede el viajero encontrar la primera sorpresa de la región.
Castro Marim es un pueblo pequeño y tranquilo, encaramado a una pequeña loma desde la que se divisa la desembocadura del río que separa Portugal de España. Nada más entrar en la población, las señales parecen decirnos que la abandonemos, que respetemos la tranquilidad de su pequeño corazón urbano y nos encaminemos hacia otros lugares más conocidos, promocionados y aparentemente atractivos.
No debe caerse en el engaño, porque el viejo castro, sede en tiempos de la Orden de Cristo, la continuación lusitana del espíritu del Temple, espera, tímido y callado, al visitante que renuncia a la prisa y se detiene a trotar entre callejas, ruinas y miedos antiguos.
Puede y debe dejarse pronto el automóvil. Un buen lugar es alrededor de una plazuela que se encuentra a los pies de la iglesia de Nuestra Señora de los Mátires. Desde allí, ascendiendo por una breve escalinata, el ya caminante se encontrará muy cerca del viejo castillo que domina la población, la marisma y la frontera.
La entrada al castillo se abre en lo que debió ser patio de armas con una ermita y algunas construcciones pintadas de color amarillo intenso.
La ermita es abrazada por dos calles que permiten recorrer la fortaleza. Cualquiera de ellas nos conducirá al núcleo de la construcción entre restos de construcciones y árboles.
Al final del recorrido, una puerta da acceso a la plaza fuerte dentro de la fortaleza. Desde el interior, una empinada escalera permita subir al punto más alto para disfrutar de unas espectaculares vistas.
La desembocadura del Guadiana se abre ante nuestros ojos en todo su esplendor.
Entre almenas florecidas se divisa la Iglesia de Santo Antonio.
Y también la fortaleza más reciente que se levanta frente al castillo.
Tanta construcción militar en una población tan pequeña da mucho que pensar sobre el miedo de Portugal. Miedo a lo que llegue desde el este, miedo a España, con sus ejércitos, antes de soldados, ahora de turistas que penetran en tierra portuguesa como quien llega a tierra conquistada. Atronando, antes, con el estrépito de nuestros cañones; ensordeciendo ahora con el timbre y volumen de nuestras voces. Castro Marim nos recibe, por ello, recelosa, entre fortalezas que defienden, entre otros valores, el silencio portugués.
Tras abandonar el castillo, es conveniente que el viajero camine un tiempo por entre las calles de la población. Si deja de hablar y de comparar lo que está viendo con lo que ha dejado al otro lado de la frontera es posible que descubra algunos detalles que denotan la personalidad del Algarve. Elevando la vista un poco, por ejemplo, no tardará en darse de bruces con las características chimeneas de la zona, en diálogo callado con la modernidad.
Y afinando un poco la vista puede sorprenderse algún otro detalle sorprendente.
Porque estamos en Portugal, un país en el que el detalle es fundamento de su riqueza.