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Canciones
a Guiomar |
¡Sólo
tu figura,
como
una centella blanca,
en
mi noche oscura!
¡Y
en la tersa arena,
cerca
de la mar,
tu
carne rosa y morena,
súbitamente,
Guiomar!
En
el gris del muro,
cárcel
y aposento,
y
en un paisaje futuro
con
sólo tu voz y el viento;
en
el nácar frío
de
tu zarcillo en mi boca,
Guiomar,
y en el calofrío
de
una amanecida loca;
asomada
al malecón
que
bate la mar de un sueño,
y
bajo el arco del ceño
de
mi vigilia, a traición,
¡siempre
tú!
Guiomar,
Guiomar,
mírame
en ti castigado:
reo
de haberte creado,
ya
no te puedo olvidar.
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El
crimen fue en Granada |
1. El crimen
Se le vio, caminando entre
fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
... Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.
2. El poeta y la muerte
Se le vio caminar solo con
Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
"Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban...
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!"
3.
Se le vio caminar...
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!
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La
muerte del niño herido |
Otra
vez es la noche... Es el martillo
de
la fiebre en las sienes bien vendadas
del
niño. -Madre, ¡el pájaro amarillo!
¡Las
mariposas negras y moradas!
-Duerme,
hijo mío. Y la manita oprime
la
madre junto al lecho. -¡Oh flor de fuego!
¿Quién
ha de helarte, flor de sangre, dime?
Hay
en la pobre alcoba olor de espliego:
fuera
la oronda luna que blanquea
cúpula
y torre a la ciudad sombría.
Invisible
avïón moscardonea.
-¿Duermes,
oh dulce flor de sangre mía?
El
cristal del balcón repiquetea.
-¡Oh,
fría, fría, fría, fría, fría!
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Soneto
a Guiomar |
De
mar a mar entre los dos la guerra, más
honda que la mar. En mi parterre, miro
a la mar que el horizonte cierra. Tú,
asomada, Guiomar, a un finisterre, miras
hacia otro mar, la mar de España que
Camoens cantara, tenebrosa. Acaso
a ti mi ausencia te acompaña. A
mí me duele tu recuerdo, diosa. La
guerra dio al amor el tajo fuerte. Y
es la total angustia de la muerte, con
la sombra infecunda de la llama y
la soñada miel de amor tardío, y
la flor imposible de la rama que
ha sentido del hacha el corte frío.
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