Nuestros monstruos
Blanca Álvarez

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Fue una broma, una gamberrada como mucho, asegura el abogado. Hijos de una sociedad muy permisiva, afirma uno de los padres. Ellos, los jóvenes de la indigente escondida en el interior de un cajero, esperan, con la vieja costumbre de nuestros consentidos niños, a que sus mayores, como , les saquen las castañas del fuego para regresar al mundo donde ellos son reyes y señores de la estupidez permisiva, de la pereza educativa los adultos.

Un monstruo no nace de golpe, se va gestando con la paciencia de un huevo fecundado bajo el vientre de una serpiente. amamantamos a los pechos de nuestra indulgencia, de nuestra cómoda pereza, de nuestra falsa bondad, de nuestra farisaica generosidad. Les propongo un currículo alternativo estos muchachos de buenas familias a los cuales no les ha faltado jamás ni comida, ni calor, ni colegios, ni mimos (comprados en grandes ).

La cosa comienza cuando los adultos deciden ser padres. O sea, lucir bebé y paternidad. Compran juguetes adecuados, decoran habitaciones y festejan con los la llegada de un retoño que perpetuará apellido, clase social e hipotecas éticas. Continúa en el jardín de infancia, el mejor, a donde se al retoño; un día, el niño regresa moqueando rabia porque su 'seño' lo ha castigado. Entonces, el democrático padre o madre se encamina hasta 'seño' para dejarle muy claro que «a su niño no lo riñe ni nadie, faltaría más, y si se repite, tomaré medidas y acusaré ante el consejo , o ante el ministro correspondiente». El pequeño escucha a su padre o y toma buena nota: soy , ya puedo hacer cuanto me plazca.

Tal derecho de pernada para fastidiar impunemente a quien le se ratifica en la primaria, la secundaria y el bachiller. La criatura crece en edad, no en dignidad ni gobierno propio, como una bestezuela malcriada a quien nadie osa poner ni un leve gesto, ni un mínimo castigo porque se revolvería contra el presunto educador toda la maquinaria familiar primero, toda la brutalidad del chico después. El goza de todos los derechos y ninguna . Nacer lo ha convertido, por derecho, en el rey del mambo.

Añadan a esto unos padres ocupados en el trabajo, dispuestos a comprar cuanto la criatura sueñe pero sin un minuto para la dura tarea de . Agotadora, tensa y . Sumen una sociedad donde priman la banalidad y la , donde se premia al más bestia, con cuello blanco, donde triunfan los especuladores, los asesinos 'legales'; una sociedad cada día más asustada y por tanto más xenófoba y brutal... ¿Quién pone freno al deseo momentáneo de cargarse a una mendiga? Además, dicen que las criaturas lo en sus teléfonos móviles de última generación. ¿Inocentes?