Las
hijas de Merino
-Mamá, ¿quiere usted que vaya un poquito a la Alameda,
con las hijas de Medina, que llevan rica merienda?-.
Y a la hora de merendar, se perdió la más pequeña;
su padre la anda buscando calle abajo y calle arriba.
Donde la vino a encontrar en una sala metida,
hablando con su galán, el galán que le decía:
-Contigo me he de casar, aunque yo pierda la vida-.
Mi abuela tiene un peral, cargado de peras finas,
en el último pimpollo, se ha posado una golondrina;
por el pico echaba sangre, por el hálito decía:
-¡Qué tontas son las mujeres que de los hombres se fían!
(Versión de Soledad González. Recogida en Mayo de 1994 en Prado del Rey, Cádiz)